Félix Porcel llegó a Inglaterra por un intercambio universitario, y terminó viviendo una temporada que no imaginaba cuando decidió viajar. Entre estudios, días instalados acompañando a su padre Claudio Porcel en su experiencia dentro de la Queen’s Cup y una oportunidad inesperada para entrar a jugar, el argentino terminó siendo parte de una final en Cowdray Park Polo Club.

Arrancó la temporada en Inglaterra… pero vos ya estabas ahí. ¿Qué hacías?
Bueno sí, yo me había organizado para hacer un intercambio con la universidad acá en Inglaterra, porque estudio Economía en Di Tella, que tiene convenio con UCL, una facultad en Londres. Desde mayo del año pasado entré en este programa y ya sabía que me venía este año, de enero a junio, a estudiar acá.
Ahí fue cuando mi papá, que hace años viene mirando la copa y siempre tuvo el sueño de jugarla, se le ocurrió que este era el mejor año para hacerlo, ya que yo iba a estar acá y lo iba a poder acompañar desde el principio. Al principio estuvo complicado el tema de armar el equipo, pero fue a fin del año pasado que Jeta se liberó y empezó a tomar forma la idea de jugar acá. Nosotros conocemos a los Castagnola desde chicos porque mi papá antes jugaba en La Natividad, y al Jeta lo tiene como un sobrino.
¿Cómo fue la decisión de irte a estudiar ahí y con qué objetivos?
Yo decidí venir a Londres simplemente por la cultura que tiene la ciudad; el rugby, la música, el fútbol, el teatro… todo eso me encanta y Londres es la mejor ciudad del mundo para eso. En un principio ni lo había ligado con el polo, pero en cuanto se empezó a formar la idea de jugar la Queen’s Cup sumó muchísimo más a las ganas de venir para acá, porque si al final se convertía en el hecho de jugar, iba a ser un programón. Y bueno, justamente es lo que está pasando ahora.


Son una familia ligada al polo… pero que tu padre juegue la Queen’s Cup, ¿lo imaginabas?
Sí, nosotros somos una familia ligada al polo desde hace tiempo. Mi viejo empezó a jugar en serio a los 27 años y yo desde chico jugaba un poco en Cañuelas, en el campo de un amigo, pero no me había enganchado del todo porque el colegio me llevaba mucho tiempo.
Cuando terminé el colegio y tenía más tiempo para decidir qué hacer, decidí volver a arrancar. Ahí ya estábamos jugando en General Rodríguez, en Polo One, y después decidimos alquilar Don Urbano para jugar y armar lo que sería el club de Balanz. Lo alquilamos uno o dos años, el año pasado compramos el lugar y ahora estamos armando todo el club ahí. Para nosotros está buenísimo tener nuestro lugar.
Hace años que papá viene jugando torneos importantes en Argentina, así que lo veía jugando polo alto y sabía que tenía el nivel para hacerlo, pero la verdad nunca me había imaginado que llegara a jugar la Queen’s Cup. Cuando se entusiasmó y logró que se dé fue una locura. Desde el momento que supe que se hacía, tenía una manija tremenda. Era lo único que quería… que llegara mayo para instalarme allá y arrancar la temporada.
¿Cómo están siendo los días allá, compartiendo tanto con él en una temporada tan distinta a Argentina?
Cuando se confirmó el equipo, mi viejo tuvo que salir a montarse y comprar caballos para el nivel de la Queen’s Cup, porque nunca había jugado con un nivel tan alto de caballos. Mandaron todo para acá y él llegó entre fines de abril y mayo. Yo ya había terminado de cursar y solo me quedaban finales, así que me instalé de una con él.


Contame cómo terminaste jugando la Final de la Trippetts Challenge Cup
La idea era estar en Trippets jugando prácticas, estando disponible para jugar por él de suplente, y viviendo una vida más de polo. Yo solo iba a Londres cuando tenía que rendir. La semana que me instalé en Trippets con él, él se fue una semana a Venecia por la Bienal de Arte. Él es un fanático del arte, se puede ver también en la colección que tienen. Justo esa semana tenía semifinal y final de un torneo de 12 goles que estaba jugando como preparación para la Queen’s Cup, y me dijo que jugara yo.
Venía seis meses sin jugar al polo, pero taqueé un día, al otro día jugamos una práctica y al otro día ya tenía la semifinal. Jugamos con Malcolm y dos ingleses, Alfie y Tom. La verdad unos compañerazos, que me bancaron desde el principio porque yo venía con poco taqueo encima. Por suerte ese partido lo ganamos y al otro día también ganamos la final. Después no jugué mucho más, porque no sobraban los caballos y la prioridad absoluta era poner los caballos para la Queen’s Cup.
Y ya después arrancó la Trippetts, donde jugaban compartiendo con Pablo Galante, el otro patrón, que va a jugar la Gold Cup. Jugaron un partido cada uno y cuando llegaron a la final, que la iban a jugar a medias, dos días antes de la final, papá en una práctica se contracturó la pierna. Yo estaba en Londres porque había ido a rendir, y me llama y me dice: “Che, venite porque lo más probable es que juegues vos la final”. Obviamente lo primero que pensé fue que ojalá no le haya pasado nada, pero me dijo que era leve y me dieron ganas de jugar, aunque pensé que no se iba a bajar, porque siempre tiene muchas ganas.
Cuando llegué, me confirmó que iba a jugar yo, porque era mejor no jugar para llegar bien a la Queen’s Cup. La verdad, que una alegría tremenda, porque iba a poder jugar con estos cracks en una copa de 22 goles en Inglaterra. Fuimos a la casa de Jeta y Lorenzo, y jodíamos con que iba a jugar yo. Eso obviamente me daba más manija todavía, pero también tenía unos nervios tremendos porque nunca había jugado un polo de tan alto nivel y hacía seis meses que no jugaba consistentemente.
Por suerte me tocó entrar en la final ya ganando por cinco. En el primer chukker me quedó una bocha de un tremendo pase de Lorenzo y pude meter el gol; ahí me relajé. Y en el último chukker nos quedó otra pelota y parecía que se daba otro gol, pero pegó en la campana y acá la regla es distinta, así que no me lo contaron. Pero bueno, yo personalmente lo cuento.

¿Habías llevado botas, taquera y todo por las dudas?
Yo las cosas de polo no me las había traído, pero le pedí a papá que me las trajera cuando venía. Porque ante la mínima chance de subirme, aunque sea para una práctica o para taquear, iba a querer estar ahí. Le pedí que por favor me trajera las botas, porque podía pasar algo de lo que terminó pasando. Por suerte ya tenía todo el equipo y se me dio la oportunidad de jugar.
Contanos de los compañeros que tuviste. ¿Ya tenías onda con Jeta y Lorenzo?
Y con el equipo la verdad tenemos una onda tremenda; ellos tres agarraron muy buena onda y por suerte somos todos de la misma edad, nos divertimos mucho y creo que eso también es muy importante y hace que todos jueguen mejor.
La verdad estoy haciendo un programa hermoso; ahora ya arrancó la Queen’s Cup, que empezamos ganando y queda todo por delante. La verdad que haber jugado esas finales, haber ganado, haber podido meter dos goles, aunque solo me hayan contado uno, y divertirme con estos cracks, fue un sueño. Un sueño hecho realidad.
Después mi viejo me confesó que si no estaba yo, jugaba igual, pero también le divertía la idea de que yo jugara y no arriesgarse él antes de la Queen’s Cup. La verdad estoy muy agradecido con él, que armó todo esto y además me dio la oportunidad de cumplir el sueño de jugar con ellos y jugar una copa de 22 goles en Inglaterra.


