Melito Cerezo, el amigo de todos, el fotógrafo de polo

Por Alejandra Ocampos. Hay gente en la vida que tan solo con decir su nombre de pila ya se sabe de quien se trata. Uno de ellos era Melito Cerezo. Decir Melito es decir “el” fotógrafo del polo, ese tipo divertido, generoso, simpático, con su cámara a cuestas y con esa sonrisa infaltable, que junto a su inseparable Mary, “la Turca”, constituyeron durante más de 40 años el dúo favorito de las canchas de polo, a quienes todos amaban y respetaban.



Es que Melito conoció a los más grandes del deporte, incluso cuando estos jugadores, algunos de ellos hoy legendarios y retirados del alto handicap, y con sus hijos y nietos jugando la Triple Corona. Y este jueves 29 de enero de 2026 es un día muy triste para todos quienes integramos la familia del polo – Melito decidió partir a otro plano.

Melito, oriundo de General Arenales, un pueblo pequeño de la Provincia de Buenos Aires, contaba que todo comenzó de casualidad; siempre se reía contando que era medio vago para la escuela, con lo cual su padre lo mandó a ayudar al ferrocarril como telegrafista, un trabajo que realizó por nueve años. Más tarde, partió a Buenos Aires, donde trabajó como taxista. En uno de esos viajes, se subió una pasajera que con el tiempo terminó siendo su gran compañera de la vida y del polo, Mary Motran.

Pasó que Mary era la sobrina de Ricardo Motran, más conocido como Snoopy, un reconocido fotógrafo de polo, quien los invitó a los Estados Unidos. Y así comenzó su aventura en el deporte que tanto amó y que lo amó a él; sin saber de qué se trataba – ni de cámaras ni de polo, porque nunca había visto un partido por ese entonces – Melito fue un pionero, hace más de 40 años, que comenzó a filmar los primeros videos de polo. Y no cualquier primer video de polo; esa primera filmación a cargo de Melito fue nada menos que el entonces Príncipe de Gales, hoy el Rey Carlos III de Inglaterra. Y continuó con esa actividad en Argentina, filmando la Triple Corona y cuanto torneo asistía; contaba Melito que el polo en Argentina cobró popularidad cuando los partidos comenzaron a ser televisados y él, con su cámara, colaboró para que ello sucediera. Subido a su camioneta, el inefable Melito filmaba los partidos. Entre muchos otros, los vibrantes clásicos entre los dos Indios Chapaleufú.



Si bien Melito solía hacer fotos de fútbol o de carreras de caballos, decidió quedarse con el polo, porque según contó alguna vez, “es un deporte de machos, muy fuerte”, definiéndolo como “una sinfonía”.

Además de su prestigioso trabajo en Argentina, Melito era un habitué en Brasil, cubriendo temporadas completas que tanto él como Mary disfrutaban muchísimo; eran tan querido en Brasil como en Argentina, logrando reconocimientos a su labor y su dedicación. También estuvo en Sotogrande, Estados Unidos, Inglaterra, Francia…. hasta que en los últimos años solo quedó Argentina y Brasil; a este último comenzó a ir en 1993, aproximadamente, donde habitualmente trabajaba en Helvetia Polo Club o San José Polo Club, entre otros. Y como en todas partes, los polistas no eran solo sus clientes, sino sus amigos. Es que era imposible no hacerse amigo de Melito; contagiaba entusiasmo, alegría, esa pasión por lo que hacía. Con todos ellos compartía no solo la cancha sino interminables charlas y asados; como sucedía en Argentina, adonde lo invitaban a todas partes.

Tanto amaba Melito el polo, que vivía en Las Cañitas, a un paso del Campo Argentino de Polo, porque tenía que sentir cerca a “su” deporte.

Melito ya no nos acompaña físicamente, pero su legado, su leyenda vivirá siempre en sus fotos, en los recuerdos de todos quienes tuvimos el honor y el placer de conocerlo, de compartir mates y momentos inolvidables en las canchas, y también en su casa, donde junto con Mary siempre recibían a sus amigos para almorzar o cenar y pasar un muy buen momento. Un día decidió retirarse y no pisar más las canchas de polo, pero su paso por el polo ya estaba marcado desde hace rato; imagínese que los padres de los chicos que juegan hoy fueron retratados de niños, taquito en mano, por Melito.

No te decimos adiós, sino hasta luego; Melito, nunca te vamos a olvidar, siempre vas a ser “el” fotógrafo del polo, ese tipo bueno, generoso, siempre con una broma y una sonrisa. Gracias por tanto, querido amigo! Una horita cero en tu honor.